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En aquel tiempo…




Típica niña de barrio de 5 años de edad, jugaba con tierra, piedras construyendo lo que para ella sería un fuerte, un castillo, un puente, una carrera automovilística, no había limites para esa fresca imaginación, se veía feliz, inocente de lo que sucedía a su alrededor, sin preocupaciones por un ayer o un mañana, solo disfrutaba de un presente, como si no tuviera otra oportunidad de hacerlo.

Solía levantarse con su cabello enmarañado, se lanzaba de la cama posando los pies en un suelo frio, y corría a la cocina cuando percibía el olor del desayuno, y con esos hermosos ojos negros suplicantes demandaba su comida, y sonreía feliz al conseguir salirse con la suya, era tan hermoso verla comer, solo se limitaba a eso, a disfrutar de un rico desayuno, hasta cerraba los ojos para saborear!

Que dulce pequeña!! Cuando caería en cuenta de que no tenia siquiera un peso encima? Que su madre no tenía un empleo fijo? Que esa señora se gastaba la vida limpiando para personas ingratas? Que su regalo de navidad no era nuevo? Estos habían pasado de generación en generación! Cuando sospecharía que aquel 25 de diciembre cuando ella pensó que el niño Jesús se olvido de ella en realidad lo que había pasado era que su madre, padre y madre a la vez no tenia como comprarle un detalle ese día?

Que chiquilla mas ingenua, ignoraba todo a su alrededor, ignoraba que la maldad se vestía de anciano enfermo, que tenía su sangre corriendo por las venas, era tan inocente que ignoraba que pasearse en ropa interior a esa edad aun podía ser peligroso, tonta niña que confiaba en todo, no le mostraron el mal, ni le presentaron el bien, solo vivía, anda por instinto…

Tomaba su coche último modelo, tallado en la piedra más hermosa que encontró en su patio, diseñaba las mejores colinas que pudieran existir, con carreteras extensas dignas de una gran llanura, y sutilmente emprendía la construcción de su gran castillo de barro, se encharcaba el rostro, tenía toda la ropa llena de lodo, con sus hermosos rulos en el cabello bastante destruidos y enredados con hojas caídas de los arboles.
  
Era dueña de su presente, y se forjaba poco a poco su futuro, se sentía invencible, dueña de ese mundo de barro que construía, la autoridad máxima en aquel lugar, la reina de aquel palacio, se metió en su personaje, lo disfruto, se gasto las horas de aquel dia, hasta que un rayo de sol le perturbó la vista.. 

Por instinto levanto su rostro al cielo, no podía ver a causa de eso tan intenso que brillaba, porque eso le impedía ver más allá?, no era ella la dueña de un gran complejo? De un castillo, y de 50 autos que guardo en un gran estacionamiento hecho con sus propias manos? Que era eso que intentaba quitarle su grandeza…?

Por más que lo intento no lograba mirar mas allá, hasta que por un momento algo a lo cual llamaban nube apaciguo a ese ser tan brillante.. la pequeña chica se sentó en la tierra y volvió la mirada a su gran palacio, a sus autos, a sus colinas, a sus carreteras y por primera vez, a la edad de 5 años se pregunto << ¿si yo conduzco estos autos, hice este castillo, construí estas colinas – quien hizo todo esto que está a mi alrededor??>>

Yo conduzco a estas personas, a estos carros, destruyo las colinas si lo deseo, las vuelvo a construir si me place, pero… quien construyo esas colinas verdes y mucho más grandes que las mías? Quien? Quien me maneja a mi? Instantáneamente miro hacia arriba buscando la mano que la guiaba y no pudo ver nada, Se quedo mirando el cielo y finalmente después de un par de minutos sonrió y llego a la conclusión de que aunque no veía a esa persona que la manejaba, como ella manejaba a los que construyó, pudo comprender, Que esa persona que la había hecho, necesitaba ser una persona mucho más grande que ella y puesto que no lo veía concluyo que era invisible!

Y así fue como una pequeña, ingenua, torpe y muy tierna comprendió lo que muchos seres humanos pasamos toda una vida en comprender, y es que nuestra existencia depende de algo superior, majestuoso, sublime, inmenso e invisible, El cual tiene un Nombre y es.. Jehová!

Era yo esa niña, ahora 20 años mayor, en aquel tiempo no conocía su nombre, y no fue hasta 12 años atrás que lo hice, pero fui consciente de su presencia desde hace mucho tiempo atrás y es gracias a eso… en confiar en esa persona que aunque no veía, podía sentirla que hoy en día soy la mujer que soy, pues él se a encargado de dirigirme muy bien a donde quiera que voy.

Gracias mi Dios.. Por ser mi protector desde tiempos inmemorables!  
  
  

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